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En este Blog irán apareciendo, junto a un pequeño comentario y alguna recomendación, los cuentos, poemas y otros materiales que hemos compartido en Tertulias y Clubes de Lectura y que han dejado una profunda huella en los y las participantes
lunes, 27 de diciembre de 2021
NUEVA SESIÓN DE LECTURA DIALÓGICA COMPARTIDA EN PEÑASCAL-BOLUETA DE BILBAO.
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martes, 30 de noviembre de 2021
Tertulia Literaria Dialógica en el Centro de Formación de la Mujer de Cáritas de Vitoria-Gasteiz.
Hemos empezado con un poema de Wislawa Szymborskaska. Premio Nóbel de Literatura: Mi difícil vida con la memoria. Un poema que nos ha hecho reflexionar acerca de nuestra relación con la memoria, con nuestros recuerdos, con los seres más queridos que ya no se encuentran en nosotros. Una lectura compartida que ha sido muy rica en experiencias.
A continuación hemos compartido un artículo de Irene Vallejo: Voces en la frontera, en el que con su habitual maestría nos habla de estereotipos, migración, marginación e invisibilidad. La Tertulia ha hecho que nos coloquemos ante el espejo de esas cuestiones para ver dónde estamos, qué pensamos, qué sentimos y cómo actuamos.
Finalmente hemos compartido en cuento de Jack London: La ley de la vida. En él, el autor nos relata cómo una tribu, al tener que iniciar su migración invernal, deja, como era su costumbre, a un anciano que ya no puede seguir el ritmo del grupo. Esto ha generado un diálogo que ha ido desde la tristeza que producía el abandono, la crueldad del mismo, hasta el entender, no justificar, ese tipo de conductas. Ahora bien, ante la afirmación de que eso ya no ocurre en nuestra sociedad, hay quien ha argumentado que el abandono de los ancianos a su suerte sin llevarlos al hospital que acaeció en la Comunidad de Madrid durante la primera fase de la pandemia y que originó la muerte de varios miles, supone un acto de mayor crueldad que el que nos narra Jack London en su cuento.
MI DIFÍCIL VIDA CON LA MEMORIA. Un poema de la Premio Nóbel de Literatura, Wislawa Szymborskaska.
Quiere que continuamente escuche su voz,
y yo no dejo de moverme, carraspeo,
escucho y no escucho,
salgo, regreso y vuelvo a salir.
Quiere ocupar mi atención y mi tiempo por completo.
Cuando duermo le resulta fácil.
De día, depende, y eso le molesta un poco.
Me desliza insistente antiguas cartas, fotografías,
trata hechos importantes y sin importancia,
pone la mirada en paisajes inadvertidos,
los puebla con mis muertos.
En sus historias siempre soy más joven.
Es agradable, sólo que para qué seguir insistiendo en eso.
Los espejos me dicen otra cosa.
Se enfurece cuando me encojo de hombros.
Y, vengativa, me echa en cara todos mis errores,
graves, luego fácilmente olvidados.
Me mira a los ojos, espera a ver qué digo.
Al final me consuela con que pudo haber sido peor.
Quiere que viva ya sólo con ella y para ella.
De preferencia en una habitación oscura y cerrada,
y en mis planes hay siempre un sol presente,
nubes actuales, caminos en curso.
A veces estoy harta de su compañía.
Le propongo separarnos. Desde hoy y para siempre.
Entonces sonríe compasiva,
pues sabe que para mí también sería una condena.
VOCES EN LA FRONTERA. Un artículo de Irene Vallejo, Ciudad de México / 14.05.2021
LA LEY DE LA VIDA. Un cuento de Jack London.
LA LEY DE LA VIDA
El viejo Koskoosh escuchaba ávidamente. Aunque no veía desde hacía mucho tiempo, aún tenía el oído muy fino, y el más ligero rumor penetraba hasta la inteligencia, despierta todavía, que se alojaba tras su arrugada frente, pese a que ya no la aplicara a las cosas del mundo. ¡Ah! Aquélla era Sit-cum-to-ha, que estaba riñendo con voz aguda a los perros mientras les ponía las correas entre puñetazos y puntapiés. Sit-cum-to-ha era la hija de su hija. En aquel momento estaba demasiado atareada para pensar en su achacoso abuelo, aquel viejo sentado en la nieve, solitario y desvalido. Había que levantar el campamento. El largo camino los esperaba y el breve día moría rápidamente. Ella escuchaba la llamada de la vida y la voz del deber, y no oía la de la muerte. Pero él tenía ya a la muerte muy cerca.
domingo, 28 de noviembre de 2021
CONSEJOS A PADRES Y MADRES. Publicado por la Asociación Entrelibros de Granada el 30/12/2018.
domingo, 21 de noviembre de 2021
EL PODER. Un poema de Audre Lorde que compartimos en la Tertulia de la Fundación Peñascal-Bolueta
La diferencia entre la poesía y la retóricaes estar
preparado para matarte
tú mismo
en vez que a tus hijos.
Estoy atrapada en un desierto hecho de heridas a bala
todavía abiertas
y un niño muerto arrastra su rostro negro y destrozado
más allá del horizonte donde acaban mis sueños
la sangre de sus mejillas y de sus hombros perforados
es el único líquido a kilómetros a lo redonda y mi estómago
se revuelve al imaginar el gusto que tendrá, mientras
mi boca dividida en dos labios resecos
sin tener una lealtad o una razón para ello ,
está sedienta de su sangre húmeda
mientras naufragan en la blancura del desierto
donde estoy perdida
sin imaginación ni magia posible
tratando de convertir todo este odio y esta destrucción en un poder
tratando de curar con besos a mi hijo agónico
pero, nadie, salvo el sol limpiará sus huesos con rapidez.
El policía que, en Queens, derribó con un disparo al chico de diez años
estaba a su lado, con sus zapatos bañados con la sangre de él
y una voz dijo: "Muere, pequeño hijo de puta" y
hay videos que prueban esto. En el juicio
el policía dijo que fue en defensa propia:
"No reparé en el tamaño ni en ninguna otra cosa
salvo en el color." Y
hay videos que prueban esto también.
Hoy día, ese hombre blanco, de treinta y siete años,
con trece de servicio
ha sido puesto libertad por once hombres blancos
que dijeron que estaban satisfechos
porque se había hecho justicia
y una mujer negra que dijo:
"Me convencieron". Esto es:
ellos arrastraron su cuerpo de mujer negra, de un metro veinticinco de estatura,
por sobre los carbones ardientes de cuatro siglos de aprobación del macho blanco
hasta que ella renunció al único poder real que alguna vez tuvo
y decoró con cemento su propia cuna
para construir allí un cementerio para nuestros hijos.
No he sido capaz de palpar la destrucción dentro de mí.
Pero a menos que aprenda a usar
la diferencia entre la poesía y la retórica
mi poder también se corromperá como molde envenenado,
se volverá flojo e inservible como un alambre suelto
y un día tomaré mi enchufe rabioso
y lo conectaré al lugar más cercano,
violaré a una mujer blanca de ochenta y cinco años
quien es a su vez madre de alguien
y mientras la golpeo hasta dejarla sin sentido y le prendo fuego a su cama
un coro griego estará cantando una canción con ritmo del vals:
"Pobrecita. Ella nunca hirió a un alma. ¡Qué bestias son los negros!".
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