viernes, 4 de marzo de 2022

SESIÓN DE LECTURA DIALÓGICA COMPARTIDA EN LA ESCUELA DE LA MUJER DE LAS AULAS DE CULTURA POPULAR DE CÁRITAS-VITORIA

El pasado miércoles, 2 de febrero, celebramos en las Aulas de Cultura Popular de Cáritas una sesión de Lectura Dialógica Compartida centrada en la Mujer.

Para ello elegimos dos textos. Una poesía de Magdalena Sánchez Blesa, "Te necesitas" y un artículo de Irene Vallejo, "Tu otoño brilla".

Ambos textos nos trasladaron a cuestiones por las que se ven afectadas la mayoría de las mujeres que asisten a estos Centros de Formación.

El poema nos habla de ese desprendimiento, de esa generosidad por parte de las mujeres que desde el patriarcado ha impregnado artificialmente su feminidad y que ha hecho que durante muchas generaciones las mujeres se olvidasen de sí mismas a cuenta de ocuparse y de cuidar a los demás. Y eso fue lo que quedó reflejado en los diálogos que siguieron a su lectura. Mujeres, la mayoría mayores que, sin entrar en victimismos, se vieron reflejadas en las palabras de la poeta.

"No te das la importancia que mereces
y vas dejando que la vida pase,
y para ti no hay tiempo casi nunca,
y nunca te regalas un detalle.
Y corres, por la prisa de los otros,
y llegas a tu vida siempre tarde,
y va pasando el tiempo, y va pasando,
y vas envejeciendo en el paisaje..."

El artículo nos habla del transcurso del tiempo y de las artimañas que hoy en día se emplean para ocultar su paso o, en su caso, para invisibilizar el deterioro que provoca la vejez. Irene Vallejo, como en todos sus artículos, nos habla desde el mundo clásico, y nos comenta la vivencia de la vejez en otros momentos y circunstancias de la Historia, tanto desde el plano mitológico como literario. El artículo termina con una exaltación de la épica de las personas mayores que viven su madurez con el orgullo de saber que el peso de las hora vale oro. Orgullo que se intuye y se vislumbra en esas mujeres con las que tengo el privilegio de aprender compartiendo lecturas, palabras y sentimientos
"Hay algo heroico en quien hoy luce con orgullo las canas, las arrugas, los achaques, las varices, los signos y los surcos de la vida: saben que el peso de las horas vale oro."

Finalmente trabajamos con tres citas de textos escritos por distintas mujeres comprometidas con la lucha por la consecución de la igualdad, la libertad y la fraternidad entre las distintas orientaciones e identidades sexsuales.

  • Mujer y revolución: En todos los esfuerzos revolucionarios las mujeres se hicieron más cargo del espacio público que los hombres del espacio privado. Las mujeres se apropiaron con más entusiasmo de sus deberes con la sociedad que con sus derechos plenos y así el terreno que quedó más intocado fue el de lo privado. La lucha por la justicia y por la dignidad que vanguardizaron los hombres apenas penetró por la puertas de los hogares, donde siguió reinando la violencia machista y el abuso sexual, que es siempre abuso de poder. Mientras en las calles y en las montañas los revolucionarios combatían las dictaduras, en sus casas imperaba el patriarcado. Estamos en deuda con millones de mujeres marginadas por el machismo de nuestros revolucionarios. María López Gil, Autocrítica.
  • Mujer y transformación social: Somos cada vez más mujeres las que estamos convencidas de que el bien-vivir no se consigue desde la lógica del individualismo, la competitividad y la acumulación, porque no es la mano invisible del mercado la que sostiene la vida cotidiana, sino que son los trabajos invisibles, los cuidados, los que arreglan sus desajustes y los que se preocupan por la calidad de vida de las personas. Por eso somos cada vez más las que queremos subvertir la economía, es decir, darle la vuelta y que lo que está en la base del iceberg sea visibilizado, desplazar del centro a los mercados y poner en su lugar a las personas y la sostenibilidad de la vida. Porque, como dice una compañera centroamericana: “quien cuida conoce la vida en profundidad”. Pepa Torres, Decir haciendo.
  • Mujer y religión: 
  • María ―dice la teóloga Elizabeth Schüssler Fiorenza― la humilde sierva del Señor, abnegada, pura, madre paciente llena de aflicción, se predica a las mujeres como el modelo que debe ser imitado, pero que nunca puede ser alcanzado totalmente. Por otra parte, María, la hermosa virgen y la madre misericordiosa, es también una expresión de ese deseo masculino del “eterno femenino” proyectado en los cielos.
  • El dios del judaísmo, Yahvéh, a diferencia de otros dioses de la antigüedad, es un dios super-masculino, solitariamente masculino: no tiene ni madre ni esposa. Es un dios padre ancestral, tribal, guerrero y celoso. En esa cultura y en esa religión, los hombres son superiores a las mujeres y crecen creyéndolo así. Los judíos piadosos rezaban y rezan hasta el día de hoy una oración en la que dan gracias a Dios por haber nacido judíos y no paganos y por haber nacido hombres y no mujeres. Se sienten elegidos como pueblo y también como género. María López Vigil, Otro Dios es posible.


jueves, 20 de enero de 2022

NUEVA SESIÓN DE LECTURA DIALÓGICA COMPARTIDA EN EL CENTRO PEÑASCAL-BOLUETA DE BILBAO EN TORNO A LA SALUD MENTAL.

Hoy, 20  de enero, hemos tenido una nueva sesión de Lectura Dialógica Compartida en el Centro Peñascal Bolueta. El tema sobre el que ha girado la sesión ha sido "La salud mental". 

Antes de iniciar hemos dado la bienvenida a una nueva tertuliana, Ana, que atesora una dilatada trayectoria en el mundo educativo y que en su momento fue orientadora del Instituto Gabriel Aresti de Bilbao.

Hemos iniciado la sesión con la lectura compartida de un álbum ilustrado, El abrigo de Pupa, de Elena Ferrándiz. Un álbum que nos ha permitido compartir nuestros conceptos de miedo así como aquellos que tenemos y las distintas formas de convivir con ellos. Es un álbum profundo en sus textos y precioso en sus ilustraciones que engarzan con gran acierto los texos. Un álbum que invita a pensar y a dialogar.

A continuación, partiendo de un titular del diario El País (Los ingresos hospitalarios por dolencias psiquiátricas en adolescentes aumentan un 94% desde 2019 en la Comunidad Valenciana. EL PAÍS. Valencia - 19 Diciembre 2021) hemos tratado de responder a la pregunta acera de a qué será debido ese aumento. Y aquí se han propuesto distintas hipótesis, entre las que subrayamos algunas que nacían de vivencias personales de algunos participantes. Y a fin de contrastar nuestras opiniones con otras referencias, hemos compartido la lectura del artículo del psiquiatra Luis Rojas Marcos, Hay que tomarlo en serio, en el que partiendo de algunos datos escalofriantes como los que aparecen aquí debajo, nos hace un análisis de la situación y nos propone diversas acciones para superarlos. 

  • 1 de cada 5 niños tiene problemas de salud mental
  • Se ha notado un aumento del 43% en el TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad)
  • Se ha notado un aumento del 37% en la depresión adolescente
  • Se ha notado un aumento del 200% en la tasa de suicidios en niños de 10 a 14 años
Una viñeta de El Roto ha puesto una nota de humor crítico en la sesión. 
El texto de la viñeta es: "NO HACE FALTA QUE SE OCUPEN DE NUESTRA SALUD MENTAL, BASTA CON QUE NO NOS VUELVAN LOCOS."  
Y en este caso hemos estado compartiendo y definiendo cómo y con que instrumentos nos están volviendo locos.

Después ha entrado la prosa poética de Eduardo Galeano y El derecho al delirio. Sí, el delirio, la locura de los y las que todavía aspiran a transformar el mundo. Mientras lo leíamos hemos ido escuchando el texto desde su voz. Un texto que nos ha invitado a soñar y a descubrir cuáles son los grandes y auténticos delirios de nuestra sociedad. Comienza así:
¿Qué tal si deliramos por un ratito?
¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?

Y de aquí nos henos ido a un cuento que nos muestra en muy pocas palabras lo dura realidad de las personas que han de convivir con seres queridos con algún problema de salud mental. Es un microcuento, podríamos decir, de Rosario Barrios, La tristeza.

El profe me ha dado una nota para mi madre. La he leído. Dice que necesita hablar con ella porque yo estoy mal. Se la he puesto en la mesilla, debajo del tazón lleno de leche que le dejé por la mañana. He metido en el microondas la tortilla congelada que compré en el supermercado y me he comido la mitad. La otra mitad la puse en un plato en la mesilla, al lado del tazón de leche. Mi madre sigue igual, con los ojos rojos que miran sin ver y el pelo, que ya no brilla, desparramado sobre la almohada. Huele a sudor la habitación, pero cuando abrí la persiana ella me gritó. Dice que si no se ve el sol es como si no corriesen los días, pero eso no es cierto. Yo sé que los días corren porque la lavadora está llena de ropa sucia y en el lavavajillas no cabe nada más, pero sobre todo lo sé por la tristeza que está encima de los muebles. La tristeza es un polvo blanco que lo llena todo. Al principio es divertida. Se puede escribir sobre ella, “tonto el que lo lea”, pero, al día siguiente, las palabras no se ven porque hay más tristeza sobre ellas. El profesor dice que estoy mal porque en clase me distraigo y es que no puedo dejar de pensar que un día ese polvo blanco cubrirá del todo a mi madre y lo hará conmigo. Y cuando mi padre vuelva, la tristeza habrá borrado el “te quiero” que le escribo cada noche sobre la mesa del comedor.

Y para salir, sin dejarla, de esta tristeza, hemos vuelto a recurrir a la viñeta crítica de El Roto que en esta caso pone el dedo en la llaga del llamado vacío existencial con un dialogo entre madre e hijos:

MAMI, ¿QUÉ ES EL VACÍO EXISTENCIAL?

- PUES QUE TENEMOS MUCHAS COSAS

Ya casi sin tiempo, nos hemos ido a otro artículo publicado en Público y que nos habla de los riesgos psicosociales.

Y esto es lo que ha dado de sí esta sesión. En mi opinión ha sido de las más interesantes y de las que más cosas hemos compartido. Veremos a  ver qué dicen los auténtico protagonistas.


lunes, 27 de diciembre de 2021

NUEVA SESIÓN DE LECTURA DIALÓGICA COMPARTIDA EN PEÑASCAL-BOLUETA DE BILBAO.

El pasado 16 de diciembre tuvimos otra sesión de Tertulia Literaria en el Centro de Peñascal-Bolueta de Bilbao. Fue una sesión intensa dedicada a leer "LA POBREZA" de una forma compartida y, en algunos casos, sentida, porque algunos tertulianos que dejaron su país para venir aquí no lo hicieron para jugar en un equipo de fútbol y ganar mucho dinero.

Empezamos la sesión con un poema del Arcipreste de Hita: LO QUE PUEDE EL DINERO. Y nos sorprendió que un poema escrito allá por el siglo XIII o XIV, fuese de tan rabiosa actualidad.

A continuación nos centramos en dos artículos de Irene Vallejo:  El color del dinero y Voces en la frontera. Del primero, destacamos el párrafo que dice; "Las sociedades prósperas abren sus puertas al triunfo, la belleza, la autosuficiencia. En cambio, sus imágenes perfectas ocultan las cicatrices de la enfermedad y la vejez, las vidas heridas por la penuria o la dependencia. “Respeto” es una palabra latina que significa “mirar dos veces, con atención”, es decir, valorar al otro sin importar trajes ni etiquetas". Y del segundo, entre otras, algunas frases como: "las maletas de los estereotipos no se facturan pero pasan factura". "Es fácil detectar la discriminación en el ojo ajeno sin ver la aporofobia en el propio. En este mundo del dar para recibir, molestan quienes en apariencia poco pueden ofrecer: refugiados, migrantes, sin techo." 

Luego nos detuvimos en un podcast de la Cadena Ser del programa de Nieves Coscortina, Acontece que no es poco, en el que habla sobre Haití en 10 años del terremoto de Haití. Es un relato que nos deja claro que en la mayoría de las ocasiones, por no decir en todas, el culpabilizar a los habitantes de los pueblos o las naciones de su pobreza, sin tener en cuenta la acción de otros países es un ejercicio de hipocresía y de lavado de conciencia por parte de los explotadores.

El cuento En el fondo del caño hay un negrito nos llevó, de la mano de José Luis González, a vivir una de las tragedias que suelen ocurrir con demasiada frecuencia en esos suburbios urbanos en donde las familias recién venidas a la ciudad malviven en condiciones infrahumanas.

El álbum ilustrado elegido para esta ocasión fue el de Los invisibles, de Tom Percival y editado por Andana. Es un álbum que nos habla de la invisibilidad de los más pobres y de los que hemos desplazado a los márgenes de la sociedad. Es una historia que encaja muy bien con el cuento y con el segundo artículo de Irene Vallejo.

En cuanto a la viñetas, esta vez compartimos aquello que nos sugerían las dos de El Roto que aquí aparecen. Ambas son muy sugestivas y dan oportunidad de dialogar extensamente sobre ellas.

En fin, la sesión fue mu intensa y, según los participantes, demasiado extensa. Así que para la próxima vamos a reducir los materiales. Os tendremos informados.




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martes, 30 de noviembre de 2021

Tertulia Literaria Dialógica en el Centro de Formación de la Mujer de Cáritas de Vitoria-Gasteiz.

Hoy hemos tenido la tercera sesión de Tertulias en el Centro de Formación de la Mujer de Cáritas. 

Hemos empezado con un poema de Wislawa Szymborskaska. Premio Nóbel de Literatura: Mi difícil vida con la memoria. Un poema que nos ha hecho reflexionar acerca de nuestra relación con la memoria, con nuestros recuerdos, con los seres más queridos que ya no se encuentran en nosotros. Una lectura compartida que ha sido muy rica en experiencias.

A continuación hemos compartido un artículo de Irene Vallejo: Voces en la frontera, en el que con su habitual maestría nos habla de estereotipos, migración, marginación e invisibilidad. La Tertulia ha hecho que nos coloquemos ante el espejo de esas cuestiones para ver dónde estamos, qué pensamos, qué sentimos y cómo actuamos.

Finalmente hemos compartido en cuento de Jack London: La ley de la vida. En él, el autor nos relata cómo una tribu, al tener que iniciar su migración invernal, deja, como era su costumbre, a un anciano que ya no puede seguir el ritmo del grupo. Esto ha generado un diálogo que ha ido desde la tristeza que producía el abandono, la crueldad del mismo, hasta el entender, no justificar, ese tipo de conductas. Ahora bien, ante la afirmación de que eso ya no ocurre en nuestra sociedad, hay quien ha argumentado que el abandono de los ancianos a su suerte sin llevarlos al hospital que acaeció en la Comunidad de Madrid durante la primera fase de la pandemia y que originó la muerte de varios miles, supone un acto de mayor crueldad que el que nos narra Jack London en su cuento.

MI DIFÍCIL VIDA CON LA MEMORIA. Un poema de la Premio Nóbel de Literatura, Wislawa Szymborskaska.

Soy mal público para mi memoria.
Quiere que continuamente escuche su voz,
y yo no dejo de moverme, carraspeo,
escucho y no escucho,
salgo, regreso y vuelvo a salir.
Quiere ocupar mi atención y mi tiempo por completo.
Cuando duermo le resulta fácil.
De día, depende, y eso le molesta un poco.
Me desliza insistente antiguas cartas, fotografías,
trata hechos importantes y sin importancia,
pone la mirada en paisajes inadvertidos,
los puebla con mis muertos.
En sus historias siempre soy más joven.
Es agradable, sólo que para qué seguir insistiendo en eso.
Los espejos me dicen otra cosa.
Se enfurece cuando me encojo de hombros.
Y, vengativa, me echa en cara todos mis errores,
graves, luego fácilmente olvidados.
Me mira a los ojos, espera a ver qué digo.
Al final me consuela con que pudo haber sido peor.
Quiere que viva ya sólo con ella y para ella.
De preferencia en una habitación oscura y cerrada,
y en mis planes hay siempre un sol presente,
nubes actuales, caminos en curso.
A veces estoy harta de su compañía.
Le propongo separarnos. Desde hoy y para siempre.
Entonces sonríe compasiva,
pues sabe que para mí también sería una condena.


VOCES EN LA FRONTERA. Un artículo de Irene Vallejo, Ciudad de México / 14.05.2021

Todos somos descendientes del viaje y, sin embargo, este mundo margina 
a refugiados, migrantes y sin techo.


Todos somos extranjeros en la mayor parte del mundo, pero no vivimos esa extrañeza con igual intensidad. El miedo y la amenaza electrizan las fronteras, las aduanas, las inspecciones de inmigración. Cuando aterrizas, unos agentes escudriñan tu pasaporte y tu cara como dos falsificaciones mal acopladas. A tu alrededor, percibes la tensión en los ojos rasgados, los turbantes, los velos, las pieles oscuras: las maletas de los estereotipos no se facturan pero pasan factura. Algo queda del territorio hostil del western en los páramos de esas terminales internacionales. Sabes que hay más terror en algunos aeropuertos que en los aviones, hemos desafiado con mayor éxito la fuerza de la gravedad que la de los prejuicios.

En los años cuarenta del pasado siglo, exiliado tras la Guerra Civil, el escritor español Ramón J. Sender se refugió en México, después en Estados Unidos. Conocía bien la mirada del odio: su mujer, Amparo Barayón, fue fusilada, y él siempre pensó que había muerto en su lugar. La huella de ese recuerdo terrible impregna su literatura. Relatos fronterizos describe un viaje en autobús por Texas. Allí conoce a una niña enferma de oscuros ojos calcinados por la fiebre, y a su madre. En una parada, los tres entran juntos en un drugstore para comprar aspirinas. Tomándolos por una familia latina, la empleada de la farmacia reacciona como si no estuvieran. Sender escribe: “Nunca había imaginado lo que es no ser nadie. Aquella mujer se negaba a aceptar que existiéramos y lo hacía con una dolorosa naturalidad. No habíamos nacido, no desplazábamos el aire ni ocupábamos lugar. No nos veía. Se negaba a vernos. […] Yo podía no existir, pero la niña necesitaba ayuda. Ella sí que existía”. Ramón se enfurece, grita: acaban de arrojarlos a la orilla áspera de la humanidad. Dos policías les expulsan del establecimiento, sin permitirles comprar los calmantes para Yolanda, la chiquilla de ojos negros. Recuerdas los versos de la poeta mexicana Jimena González, que hoy resuenan con otros ecos: “Alzo la voz para no negarnos,/ porque tenemos nombre/ y no dejaremos que lo olviden”.

Sender, como ellas, sabía que el racismo no emerge únicamente ante el color de la piel o los rasgos que dibujan un rostro. Nadie llama inmigrante a un deportista extranjero de sueldo millonario ni a un prestigioso ejecutivo de otro país. El dinero abre las fronteras, mientras los desamparados llevan vidas apátridas en su tierra natal. Es fácil detectar la discriminación en el ojo ajeno sin ver la aporofobia en el propio. En este mundo del dar para recibir, molestan quienes en apariencia poco pueden ofrecer: refugiados, migrantes, sin techo.

Todos los imperios —ayer, ahora, siempre— se edifican sobre un cimiento mestizo de civilización y barbarie. El historiador Tácito escribió sobre las campañas de los romanos: “a la rapiña, el asesinato y el robo, los llaman por mal nombre gobernar; y donde crean un desierto, lo llaman paz”. Junto a los logros del progreso, guardamos una memoria atravesada por las guerras raciales, las cicatrices de la esclavitud, la apropiación de las tierras de pieles más pobres. Haberlo vivido, ser nadie para alguien, cambia la mirada. Por eso Sender situó su novela El bandido adolescente en Nuevo México, pocos años después del tratado de Guadalupe Hidalgo que anexionó a Estados Unidos más de la mitad del territorio mexicano. Allí late el desarraigo de esos habitantes que, de la noche a la mañana, pasaron a ser ciudadanos de segunda en un nuevo país. Ellos no se movieron, se movió la frontera.

Sender transitó en aquella tarde tejana de la orilla privilegiada a los páramos de la intemperie. En realidad, todos somos —sin excepción— descendientes del viaje. Los datos genéticos apuntan en una dirección clara: los ancestros de los humanos modernos vivieron en África hace entre cien mil y doscientos mil años. Los europeos fuimos africanos durante una larga etapa del pasado. En ese extraño trayecto histórico, la especie vagabunda desarrolló un cerebro temeroso del diferente. La humanidad comparte esta paradoja disgregadora: nuestra memoria es, a la vez, racista y extranjera.


LA LEY DE LA VIDA. Un cuento de Jack London.

Este cuento lo hemos compartido en la Tertulia del Centro de Formación de la Mujer de Cáritas de Vitoria Gasteiz. En él, el autor nos relata cómo una tribu, al tener que iniciar su migración invernal, deja, como era su costumbre, a un anciano que ya no puede seguir el ritmo del grupo. Esto ha generado un diálogo que ha ido desde la tristeza que producía el abandono, la crueldad del mismo, hasta el entender, no justificar, ese tipo de conductas. Ahora bien, ante la afirmación de que eso ya no ocurre en nuestra sociedad, hay quien ha argumentado que el abandono de los ancianos a su suerte sin llevarlos al hospital que acaeció en la Comunidad de Madrid durante la primera fase de la pandemia y que originó la muerte de varios miles, supone un acto de mayor crueldad que el que nos narra Jack London en su cuento.

LA LEY DE LA VIDA

El viejo Koskoosh escuchaba ávidamente. Aunque no veía desde hacía mucho tiempo, aún tenía el oído muy fino, y el más ligero rumor penetraba hasta la inteligencia, despierta todavía, que se alojaba tras su arrugada frente, pese a que ya no la aplicara a las cosas del mundo. ¡Ah! Aquélla era Sit-cum-to-ha, que estaba riñendo con voz aguda a los perros mientras les ponía las correas entre puñetazos y puntapiés. Sit-cum-to-ha era la hija de su hija. En aquel momento estaba demasiado atareada para pensar en su achacoso abuelo, aquel viejo sentado en la nieve, solitario y desvalido. Había que levantar el campamento. El largo camino los esperaba y el breve día moría rápidamente. Ella escuchaba la llamada de la vida y la voz del deber, y no oía la de la muerte. Pero él tenía ya a la muerte muy cerca.


Este pensamiento despertó un pánico momentáneo en el anciano. Su mano paralizada vagó temblorosa sobre el pequeño montón de leña seca que había a su lado. Tranquilizado al comprobar que seguía allí, ocultó de nuevo la mano en el refugio que le ofrecían sus raídas pieles y otra vez aguzó el oído. El tétrico crujido de las pieles medio heladas le dijo que habían recogido ya la tienda de piel de alce del jefe y que entonces la estaban doblando y apretando para colocarla en los trineos.

El jefe era su hijo, joven membrudo, fuerte y gran cazador. Las mujeres recogían activamente las cosas del campamento, pero el jefe las reprendió a grandes voces por su lentitud. El viejo Koskoosh prestó atento oído. Era la última vez que oiría aquella voz. ¡La que se recogía ahora era la tienda de Geehow! Luego se desmontó la de Tusken. Siete, ocho, nueve... Sólo debía de quedar en pie la del chamán. Al fin, también la recogieron. Oyó gruñir al chamán mientras la colocaba en su trineo. Un niño lloriqueaba y una mujer lo arrulló con voz tierna y gutural. Era el pequeño Koo-tee, una criatura insoportable y enfermiza. Sin duda, moriría pronto, y entonces encenderían una hoguera para abrir un agujero en la tundra helada y amontonarían piedras sobre la tumba, para evitar que los carcayús desenterrasen el pequeño cadáver. Pero, ¿qué importaban, al fin y al cabo, unos cuantos años de vida más, algunos con el estómago lleno, y otros tantos con el estómago vacío? Y al final esperaba la Muerte, más hambrienta que todos.

¿Qué ruido era aquél? ¡Ah, sí! Los hombres ataban los trineos y aseguraban fuertemente las correas. Escuchó, pues sabía que nunca más volvería a oír aquellos ruidos. Los látigos restallaron y se abatieron sobre los lomos de los perros. ¡Cómo gemían! ¡Cómo aborrecían aquellas bestias el trabajo y la pista! ¡Allá iban! Trineo tras trineo, se fueron alejando con rumor casi imperceptible. Se habían ido. Se habían apartado de su vida y él se enfrentó solo con la amargura de su última hora. Pero no; la nieve crujió bajo un mocasín; un hombre se detuvo a su lado; Una mano se apoyó suavemente en su cabeza. Agradeció a su hijo este gesto. Se acordó de otros viejos cuyos hijos no se habían despedido de ellos cuando la tribu se fue. Pero su hijo no era así. Sus pensamientos volaron hacia el pasado, pero la voz del joven lo hizo volver a la realidad. CONTINUAR LEYENDO